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Francia país invitado
Feria del libro de Bogotá

La cultura: poderosa herramienta para resistir la violencia.

En la FILBo, el Ministerio de Cultura habló sobre Formación de formadores: la experiencia reparadora de la cultura, en la que expuso el importante papel de esta como herramienta clave de los grupos sociales minoritarias, como los negros, indígenas y campesinos, para resistir la violencia a través de los tiempos y perdurar como comunidad.

Lucía Calderón, asesora de la drección de Poblaciones del Ministerio de Cultura, y Maria Isabel Mena, profesora de licenciatura en etnoeducación de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, se centraron en la comunidad negra, cuya historia en este continente va de la mano con la violencia, ya que en 1533 llegaron a Cartagena en el primer desembarco de esclavizados. Así fue hasta que en 1713 Palenque se declaró el primer pueblo libre.

Finalmente, el 21 de mayo en 1851, la Cámara de Representantes de la Nueva Granada, reunió las firmas necesarias para crear la Ley de Abolición de la Esclavitud cuyo primer artículo dictó: “Desde el día primero de enero de mil ochocientos cincuenta y dos, serán libres todos los esclavos que existen en el territorio de la República. En consecuencia desde aquella fecha gozarán de los mismo derechos y tendrán las mismas obligaciones que la Constitución y las leyes garantizan e imponen a los demás granadinos”.

Según Calderón, fue la cultura la que permitió que estos grupos sobrevivieran los combates y dificultades por tantos años. No solo sirvió mantener su propia lengua, sino haber tenido expresiones como la danza, la comida y la música para construir sentido de pertenencia y servir como terapia, que les permitió “estar en la guerra sin perderlo todo”.

Por su parte, Mena agregó que hoy en Colombia “tenemos un panorama difícil y conflictuado”, y que para manejarlo se debe entender la importancia de la cultura como proceso reparador, pero, sobre todo, es necesario “conocer nuestra historia y definir cómo se van a cicatrizar las heridas del conflicto armado en cada víctima”. Explicó entonces la importancia del papel de las escuelas y universidades en esta etapa y la reformación de los programas escolares para construir memoria y permitir el reconocimiento de las minorías dentro de la sociedad del posconflicto.

Según la profesora, Colombia debe aprender a hablar calmadamente sobre su identidad como pueblo para poder mirarse a los ojos y aceptar que la violencia y el conflicto armado afecta a todos. “Ahí el ADN histórico estará mucho más perfilado hacia una convivencia que permita no matarnos por tonterías”.

Actualmente, el Ministerio de Cultura busca que los grupos minoritarios rescaten sus actividades culturales, como es el caso en el Pacífico con las Balsadas en el Río Guapí, en donde embarcaciones pasean la figura de la Virgen de la Inmaculada Concepción para conmemorar su fiesta. Según Lucía Calderón, dichas actividades sirven como “excusa para el encuentro y para la reconstrucción del tejido social”.

Esta charla fue el espacio para que asistentes de la FILBo pudieran hacer un recorrido por la historia étnica y cultural de Colombia y, a través de ella, comprender el poder de las manifestaciones culturales que logran “espantar el terror” y resistir la violencia.

La Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), Leer es volar, que este año tiene a Francia como país invitado de honor, es organizada por la Cámara Colombiana del Libro y Corferias con el patrocinio oficial de la Alcaldía Mayor de Bogotá en el marco del Plan Distrital de Lectura y Escritura.

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Anna K. Franco

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